Caldes d’Estrac
 
CALDES SEGONS VÍCTOR BALAGUER
 
És públic i notori que Víctor Balaguer (1824-1901) va dedicar a Caldes un breu capítol d'un llibret seu de viatges, la Guía de Barcelona a Arenys de Mar por el ferrocarril (1857); no se sap tant, potser, que, a banda de passar-hi temporades des de la infantesa, aboca records propis i informacions recollides sobre la nostra vila en una altra obra seva, Historias y tradiciones (1896), un capítol de la qual es titula “La Torre de los Encantados (Recuerdos de Cataluña)”. N'hem seleccionat uns quants passatges, relatius als canvis experimentats per Caldes en vida de l'escriptor, una etapa crucial en què passa d'una població de vida rutinària i perfil adotzenat a la seva belle époque, caracteritzada per la presència massiva de la colònia estiuenca burgesa. El lector també hi trobarà una descripció de la Torre dels Encantats, que alterna la descripció objectiva de l'edificació amb el relat d'un fantasiós fenomen que té lloc el dia de sant Joan i que resulta tan del gust de la sensibilitat romàntica de Víctor Balaguer. I hi trobarà, finalment, una explicació, tan inversemblant com l'anterior, sobre l'etimologia del topònim Estrac, sobre el qual farem un article un mes d'aquests. Per a un altre article deixem igualment la transcripció de les llegendes al voltant de la Torre dels Encantats que Balaguer recull, aparentment, de Caldes estant. Acompanyem aquest d'avui amb un gravat, procedent del llibre de Joaquim Salarich, que evoca la vila tal com Víctor Balaguer la va conèixer.
 
Es Caldas de Estrach o Caldetas una villa risueña y alegre, de blancas y graciosas casas, a orillas del mar, en nuestra costa catalana de Levante, a poca distancia de la ciudad de Mataró, y unida hoy a Barcelona por el ferrocarril que desde la capital de Cataluña se dirige  Francia.
Cuando estuve yo por primera vez en Caldetas no existía aún vía férrea, y el viaje en que hoy se emplea algo menos de dos horas ocupaba entonces casi todo el día, siendo, ciertamente, viaje muy fatigoso y en muchas ocasiones de gran riesgo. La carretera, que no era muy buena, carecía de puentes en algunos puntos, y el coche cruzaba el río Besós y las varias rieras que encontraba al paso aventurándose por inciertos vados, lo cual solía ser muy arriscado y por demás peligroso cuando las aguas venían de crecida. Así, y con estos riesgos, iba yo todos los años, siendo mozo imberbe, acompañando a mi buena madre, que solía tomar los baños y aguas salutíferas de Caldetas.
 
El pueblo estaba, y está, dividido en dos, ofreciendo entrambos pintoresca perspectiva. El uno, el de abajo, se halla en la misma playa, al pie d un monte que parece pronto a desplomarse sobre él, mientras que el otro tiene sus casas al terminar una ladera y en actitud de escalar el monte. Se llama el uno Caldetas de Mar, y el otro Caldetas de Dalt o de arriba. El primero es el pueblo de los marinos, el segundo el de los montañeses y labradores. La carretera de Barcelona a Francia dividía en dos mitades el pueblecito de Caldetas de Mar, y en otras dos mitades lo dividía también la riera llamada de Caldetas, formando así una cruz, que tenía por leño el camino y por brazos la riera.
 
Hoy, esa Caldetas de Mar, que en mi época era sólo una especie de barrio de pescadores, es una villa peregrina, llena de encantos en verano, animación y vida. Punto de reunión y cita de distinguidas familias, que acuden a buscar la salud en sus famosas aguas termales, tiene cómodos hoteles, preciosas casitas, villas y chalets peregrinos, salas de baile y de concierto y, a más de su limpia playa, todo lo que agrada y atrae a esas colonias veraniegas que salen de las ciudades en busca de salud para el cuerpo, de solaz para el pensamiento y de vida para el alma.
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Suponen algunos que el nombre de Estrach, que este pueblo lleva, lo tenían también algunos otros pueblos vecinos, como, por ejemplo, San Andrés y San Vicente de Llavaneras, que se denominaban Llavaneras de Estrach. Los que asientan esto afirman que el vascuence fue el primer lenguaje que se habló en Cataluña y que, en vascuence, la palabra strac, estrac o restrac significa frutal silvestre. De ahí el nombre de Caldas de Estrach.
[…]
Dije ya que el monte que se alza junto a Caldetas se halla coronado por la que llaman Torre de los Encantados. He ido a Caldetas muchísimas veces, pero sólo una visité la torre, hace ya muchísimos años. La cuesta es pina y el acceso difícil. Cuando estuve en ella parecióme de construcción morisca. Debió de ser vigía o atalaya de los moros en tiempo de su dominación por esta costa o más bien, quizá, de nuestros abuelos los reconquistadores, cuando querían poner a cubierto de invasiones piráticas los pueblos de la playa. Estaba bastante bien conservada, y aunque un agujero, remedando una puerta, abría paso al interior, bien a las claras demostraban las piedras allí hacinadas que aquella abertura era reciente. La entrada a la torre sería por medio de una escalera de madera o de cuerda, colgante de la ventana del primer piso. De tres constaba esta torre, sin escalera ninguna que a ellos condujera ni vestigios de que la hubiese tenido nunca. En el suelo de cada estancia aparecía una abertura cuadrada, y por ella pasaría la escala de cuerdas que facilitaba el ascenso y descenso interior. Se alzaba la torre en el centro de un patio de armas circular bastante capaz, cerrado por una gruesa muralla almenada que tenía abierta brecha por dos puntos diferentes. Sirvió de telégrafo militar en las guerras civiles y disturbios de este siglo, y acerca de ella corren en boca del vulgo tradiciones y leyendas. Pretenden algunos que todos los años, el día de San Juan, es decir, el día de las leyendas, como el cielo sea claro y el sol brillante, la sombra de la Torre de los Encantados se refleja a mediodía en la plazuela que hay en Mataró delante de la posada de Montserrat. Allí aparece por breves momentos a dicha hora el contorno de la torre. Es de advertir que Mataró dista dos buenas leguas de Caldetas.
 
Arts i Lletres
 
 
 
Caldes d’Estrac
1 març 2009