Caldes d’Estrac
 
CALDES A LA VANGUARDIA (1887-1888)
 
Continuem amb la tria de notícies sobre la nostra vila aparegudes al diari La Vanguardia. Aquest mes només dues, però substancioses.  Gràcies a la primera descobrim, en efecte, que amb la denominació despectiva de “bajá” (en català, baixà o paixà, nom d’una autoritat civil de l’imperi otomà) el diari es referia a un alcalde llegendari de Caldes, Francesc Milans, màxim representant local del partit liberal i rival polític permanent de Josep Gili, que representava el partit conservador. De tots dos (i de les seves disputes) en parla Joaquim M. de Nadal en els seus llibres de records; en qualsevol cas, l’anècdota del tinter que aquí s’explica és immortal. Per part seva, la segona notícia reflecteix el punt de vista d’un foraster sobre Caldetes quan ja era un dels centres principals d’estiueig de la nostra burgesia; com es pot comprovar, es mostra més aviat reticent i repatani. En fi: com sempre, els textos s’han transcrit amb la màxima fidelitat a l’original; només s’hi ha modernitzat l’ortografia i regularitzat la puntuació.
 
1.- [Més abusos del cacic] El cacique de Caldetas. Saben ya nuestros lectores que en Caldetas existe una especie de bajá que tiene la gracia de obrar cómo le parece, ni más ni menos que si no tuviera rey que le mande, ni Papa que le excomulgue. Ese buen señor, que lleva su susceptibilidad hasta el punto de creerse ofendido y hasta de acudir a los tribunales porque se le ha llamado cacique y bajá, ya no es tan susceptible cuando se habla de los propios intereses, porque entonces tiene la manga tan ancha que prescinde con mucho del aquel, hasta de las órdenes de la superioridad, y sigue impertérrito en su camino sin importársele un bledo lo que puedan mandarle los gobernadores.
Tiempo atrás tuvo que enviarse un delegado a Caldetas para que el tal cacique hiciera desaparecer una balsa de su propiedad que estaba allí desde hace muchos años con el exclusivo objeto de acabar con la salud de aquel pueblo. El bueno del alcalde puso todos los obstáculos imaginables para impedir la desaparición de la balsa, pero el delegado, que era algo duro de pelar, obligó al cacique a que dejara cegar la balsa, no sin que previamente le impusiera alguna multa por su tenacidad, multa que, sea dicho sin ánimo de mortificar a nadie, todavía no se ha satisfecho.
Esta es una de las gracias del cacique de Caldetas, pero aún quedan otras que podríamos enumerar si tuviéramos espacio para ello. […]. Hace tres años, fíjense bien nuestros lectores, hace tres años que habita en Caldetas un médico cirujano muy apreciado de aquellos vecinos, que ejerce allí su carrera, que paga allí la contribución, y que es tan vecino de Caldetas como nosotros lo somos de Barcelona. El tal médico cirujano ha tenido el gusto de verse otras veces incluido en las listas electorales como era de justicia, pero caten ustedes que al alcalde de Caldetas se le puso en el magín borrarlo ahora de esas listas, y sin encomendarse a Dios ni al diablo…, ¡paf!, vació el tintero sobre el nombre del galeno. El interesado, al verse lleno de tinta, reclamó contra ese ataque a su reconocida pulcritud, pero todo fue inútil, puesto que el señor alcalde no salió de sus trece, dando por toda razón que no sabía si el reclamante era vecino de Caldetas. Y ahí tienen ustedes un alcalde que sabe mucho, pero mucho, y que cuando se trata de los vecinos de Caldetas, apenas si sabe con quien vive. […].
Y aquí tienen nuestros lectores una pequeña muestra de lo que da de sí el bajá de Caldetas. […] y por lo mismo, damos fin a nuestro trabajo, saludando cordialmente al señor Milans y deseándole larga vida para que pueda ir tirando sin pagar las multas que se le han impuesto y para que nosotros podamos a la vez dedicarle algún otro escrito por el estilo del presente que, en medio de todo, no deja de ser divertido. [10 de març de 1887]
2.- [Una carta d’un estiuejant al director del diari] […] Está situado Caldetas en la falda de no muy elevados cerros, últimas estribaciones, por este lado, del gran macizo del Montseny, que mueren algo ásperamente en la estrecha faja de arena de la costa, formando una playa más inclinada de lo que debiera ser para merecer la preferencia que le concede la distinguida sociedad barcelonesa; pero así y todo, la playa […] atrae todos los veranos multitud de familias acomodadas que toman alojamiento en los bonitos hoteles de la playa y de la calle del Callao o en los establecimientos que tienen montados los señores Vidal y Borrás, en los que, a falta de casino, suelen reunirse los veraneantes.
[…] aparte de las elegantes viviendas que han levantado los continuos favorecedores de esta playa, no se nota, en lo restante del pueblo, el menor detalle que indique deseo de complacer, ni aparece la correspondencia que siempre existe entre el vecindario de un punto de veraneo y los que periódicamente van a dejar en él parte de sus rentas, y perdónenme esta franqueza los caldetenses. Ni las calles están empedradas ni todas tienen aceras, ni bastan los escasos faroles de petróleo esparcidos en apartadas esquinas […]. Es cosa de ver, en Caldetas, las linternas que aparecen cuando no brilla la luna, y las precauciones con que caminan las que las llevan para alumbrar el terreno que han de pisar los que les siguen.
Pero a pesar del poco confort y escasas comodidades de que aquí se disfruta […], hállanse aquí distinguidas familias de Barcelona, y algunas noches, gracias al empeño que ponen en no aburrirse, se reúnen los más animosos en el gran salón del balneario o en los hoteles de Vidal y de Borrás, y allí bailan las muchachas, juegan al tresillo los caballeros y se aburren los que no hacen lo uno o lo otro. Por esto es esperada con impaciencia la fiesta mayor, que todos los años celebra el pueblo el día 8 del mes actual, y puede asegurarse que, gracias al servicio especial que ha organizado la compañía del ferrocarril de Tarragona a Barcelona y Francia, acudirá buen número de forasteros aprovechando la facilidad y economía que ofrecerán los billetes de ida y vuelta a precio reducido. […]. Caldetas, 5 de setiembre de 1888. J. Y. Chacón. [6 de setembre de 1888]
Arts i Lletres
 
 
 
 
Caldes d’Estrac
1 febrer 2010